Este viernes -25 de junio- decenas de miembros de asociaciones agrarias de toda Europa, reunidas bajo la unión de las dos grandes organizaciones europeas COPA-COGECA, se han concentrado en la plaza de Luxemburgo de Bruselas, frente al Parlamento Europeo, para pedir un acuerdo duradero para la reforma de la Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea (UE).
El acto se convocó con motivo de la celebración, el próximo lunes 28 y martes 29, en Luxemburgo, de un nuevo Consejo Agrícola en el que se espera que se dé luz verde a la nueva reforma de la PAC.
«Necesitamos un horizonte temporal de unos años que nos den una cierta seguridad», reclamó el vicepresidente del COPA y de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), Pedro Gallardo, quien pidió que dicho horizonte sea de, al menos, diez años. Y aseguró que dicho acuerdo, además de ser a largo plazo, «no puede ir en contra de los intereses de los agricultores», por lo que aseguró que prefiere un «no acuerdo» a un «mal acuerdo», que no dé «cierta garantía a los agricultores de poder seguir con sus explotaciones».
Por su parte, el director de la oficina en Bruselas de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), Gonzalo Corrales, aseguró que el acuerdo parcial es «un alivio», sobre todo en el ámbito de los planes estratégicos nacionales, punto central de la nueva reforma.
Ecoesquemas
Cabe recordar que aunque el grueso de la PAC está ya pactado, sobre la mesa quedan abiertos algunos puntos de los tres reglamentos que forman la futura política, que generan aún fricciones entre los negociadores. Uno de esos puntos es la cuestión de los ecoesquemas, un instrumento que servirá para incentivar las prácticas agrícolas y ganaderas que tengan un impacto más beneficioso para el clima y el medio ambiente.
Aunque el acuerdo inicial del Consejo preveía destinar un 20% del primer pilar (pagos directos) a los ecoesquemas, el Parlamento Europeo era partidario de aumentar ese porcentaje al 30%, aunque en mayo ambas instituciones parecían estar de acuerdo en un 25% para todo el periodo pero con varias diferencias.
En ese sentido, Corrales aseguró «no tener nada en contra», aunque reclamó que esa «ambición medioambiental» pase también por una condición social y económica. «Los ecoesquemas están bien, siempre y cuando haya una rentabilidad suficiente que le permita al agricultor seguir haciendo su actividad, que no es otra que proveer de alimentos», explicó.
A ese respecto, Gallardo insistió en que la sostenibilidad tiene «tres patas»: la social, la medioambiental y la de la rentabilidad y aseguró que «si no hay rentabilidad, no va a quedar nadie, no van a quedar agricultores y no vamos a incorporar a jóvenes».
El portavoz de UPA también quiso celebrar la introducción de la previsible obligatoriedad del pago redistributivo, así como la introducción de techos de , puesto que «mientras haya una falta de relevo generacional y dificultad de acceso al campo, el establecer techos y redirigir mejor las ayudas pueden ser una ayuda fundamental para la nueva PAC».
Asimismo, Pedro Gallardo, por su parte, reivindicó que el agricultor debe ser el centro de los debates de la Estrategia «de la granja a la mesa» de la Comisión, así como en el Pacto Verde Europeo.












