Los 700 de Medina del Campo que plantaron cara al Turco en Viena

Sección de Historia en Agropopular con Ramón Fernández

En 1529 un puñado de castellanos de la zona de Medina del Campo terminaron en las murallas de Viena haciendo frente al ejército del Sultán turco. Algo que no se entiende sin un suceso ocurrido en Castilla: la Guerra de las Comunidades.

Así tenemos que irnos hasta el 21 de agosto de 1521, cuando las tropas de Carlos llegaron a las puertas de Medina del Campo reclamando las piezas de artillería que se encontraban en la ciudad. El objetivo de esa petición era emplearlas contra las fuerzas comuneras que asediaban el Alcázar de Segovia. Los vecinos se negaron y el general realista Fonseca –que, por cierto, era el señor del castillo de Coca- no tuvo otra idea más que incendiar la ciudad.

Este “estratega” pensaba que así los vecinos abandonarían la custodia de las piezas para sofocar el incendio. Pero el caso es que se les fue de las manos y devastó la ciudad. Para ahondar en la brecha, resulta que después de la guerra se comprobó que buena parte de los que más habían perdido eran mercaderes partidarios de Carlos. En fin, toda una pifia.

Una gran plaza financiera de Europa

Lo que supuso el incendio de Medina del Campo no se entiende sin explicar que esa villa era, desde la Edad Media, el gran centro del comercio castellano de lana. Los Reyes Católicos habían instaurado en 1491 la Feria General del Reino allí y todos los historiadores coinciden en que Medina del Campo era una de las grandes plazas financieras de Europa. Con el incendio solo quedó devastación.

Con Castilla y Medina del Campo asoladas llegó la represión realista a los comuneros. No había medios de vida. Unos meses después de la batalla de Villalar se abrió un banderín de enganche en la villa para buscar soldados que acudiesen a Centroeuropa y defendiesen los intereses del hermano de Carlos V, el archiduque Fernando, que tenía problemas en Austria.

Y es que Fernando –que, curiosamente, había nacido en Alcalá de Henares y había sido criado en España como nieto predilecto de su abuelo Fernando el Católico– había sido proclamado archiduque de Austria. Al llegar a Viena, en el verano de 1522, se encontró con que los notables de la ciudad le impedían entrar en ella. Así que se retiró a una localidad cercana y pidió ayuda. Y la respuesta fueron los hombres que se alistaron en Medina del Campo

Allí se consiguió reclutar a unos setecientos hombres, la mayor parte escopeteros, que llegaron a territorio austriaco atravesando media Europa. Con esa guardia de corps Fernando entró en Viena, impartió justicia a los que le habían vetado la entrada y se asentó allí. Durante más de cinco años esa fuerza veló por Fernando I hasta que un 27 de septiembre de 1529 el ejército turco hizo su aparición ante las murallas de la capital austriaca.

El Turco a las puertas

El ejército del Turco, como era llamado el sultán otomano por los españoles, era temible: 150.000 hombres –entre ellos tropas escogidas jenízaras–, 300 piezas de artillería y 20.000 camellos. Enfrente, el grueso de la defensa eran unos 20.000 lansquenetes alemanes y el puñado de alemanes, comandados todos por Nicolás de Salma, un belicoso veterano de 70 años.

Los de Medina eran pocos pero bragados: fueron ellos los que rechazaron la primera acción turca, el intento de desembarco en la Vega del Danubio. Una crónica turca del asedio describe una salida de españoles al mando de Jaime García Guzmán para destruir las minas que amenazaban las murallas de Viena. Y otras crónicas señalan la presencia de los castellanos de Fernando I en la fuerza que hostigó la retirada de las tropas turcas cuando levantaron el cerco el 14 de octubre de 1529.

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