España ha traspasado en 2025 la barrera del millón de toneladas de productos lácteos importados. Aunque esta cifra se solía alcanzar de forma habitual antes del fin del sistema europeo de cuotas lácteas (año 2015), el análisis pormenorizado de los datos revela un giro preocupante, ya que antes se importaba leche cruda (materia prima) para completar las necesidades de leche de la industria nacional, y ahora se han incrementado las compras de producto terminado, desplazando el valor añadido, el empleo industrial y, sobre todo, la presencia en los lineales en favor de productos elaborados fuera de nuestras fronteras.
Esta es una de las principales conclusiones que arroja la nueva edición del Barómetro del Sector Lácteo, elaborado por la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), que analiza la situación comercial y la competitividad del sector en el último ejercicio.
El valor añadido y la disponibilidad de leche cruda (materia prima), las grandes diferencias respecto a 2015
El Barómetro advierte de que, si bien el volumen total de importaciones es similar al de hace una década, el impacto económico es muy distinto. Mientras que antes de 2015 España importaba, principalmente, leche cruda (materia prima) para ser procesada en plantas de nuestro país, en la actualidad, el crecimiento se concentra en productos lácteos ya terminados procedentes de países como Alemania, Países Bajos o Francia.
Además, si tenemos en cuenta los factores de conversión “equivalentes leche” (número de litros de leche necesarios para hacer un kilo de producto terminado), en la práctica, España está importando más de 5 millones de toneladas de leche en forma de queso, leche envasada o yogures. Esto supone que la transformación y la riqueza asociada a la producción se quedan en las industrias de otros países europeos.
En definitiva, los datos de la balanza comercial evidencian que España había sido capaz de reducir de forma significativa su dependencia exterior a medida que se incrementaba la disponibilidad de leche cruda en España, es decir, hasta 2022. Sin embargo, la caída de la producción de leche en el campo español, unido al aumento de la población, al mayor número de turistas y a la pérdida de competitividad de la leche española como materia prima, han propiciado la entrada masiva de lácteos de otros países, lo que nos convierte en el país de la UE con un mayor déficit comercial de lácteos.
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