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sábado, 2 mayo , 2026

Ignorar la ciencia pondrá en dificultades a los agricultores austriacos

Por Carlos Vicente Alberto, director de Compromiso Corporativo y Asuntos Gubernamentales para Iberia de Bayer

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El pasado 2 de julio el parlamento austriaco votó a favor de una prohibición total del glifosato, aprobando una ley recientemente propuesta y redactada por los partidos políticos SÖP, FPÖ y Liste Jetzt. Esta decisión exige la prohibición inmediata de todos los usos de glifosato y de los productos a base de glifosato siguiendo el principio de precaución.

En la Unión Europea (UE), espejo de la democracia para otras regiones del mundo, debemos aceptar la decisión de un parlamento elegido por los ciudadanos, en este caso los austriacos. Sin embargo, también como ciudadanos de la Unión Europea, debemos estar seriamente preocupados por cualquier restricción o prohibición que se lleve a cabo en un Estado miembro y que no esté en línea con las propias autorizaciones de la UE. Estas, como la de glifosato y los productos a base de esta sustancia activa, se han llevado a cabo tras estrictas evaluaciones científicas realizadas por las Autoridades competentes. Es de esperar que la Comisión Europea revise esta decisión de manera crítica, ya que puede ser inconsistente con los requisitos legales y procesales establecidos, así como con la evidencia científica.

Nuevamente, los miembros del parlamento austriaco han ignorado a las agencias reguladoras de las que se ha dotado la avanzada sociedad europea. La evaluación de la Autoridad de Seguridad Alimentaria de Austria (AGES), de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) y de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA, por sus siglas en inglés), así como la autorización actual de glifosato de la propia UE han sido desestimadas.

AGES evaluó rigurosamente el glifosato y, en línea con las autoridades europeas, alemanas, australianas, estadounidenses, japonesas y muchas otras en todo el mundo, declaró que el uso del glifosato es muy importante para permitir la conservación del suelo y minimizar la erosión en las prácticas agrícolas sostenibles. El glifosato es considerado un producto seguro para los agricultores y consumidores cuando se aplica de acuerdo con las instrucciones de sus etiquetas legalmente autorizadas.

Sin el glifosato, los agricultores austriacos enfrentarán dificultades para manejar las malas hierbas de una manera sostenible y eficiente

La decisión de prohibir el glifosato en Austria no ayudará a mejorar la seguridad alimentaria, ni a la seguridad y sostenibilidad de las prácticas agrícolas. Sin el glifosato, los agricultores austriacos enfrentarán dificultades para manejar las malas hierbas de una manera sostenible y eficiente, lo que conllevará un mayor consumo de energía, mayores emisiones de CO2 y mayores costes de producción para potencialmente menos cosechas.

Los herbicidas a base de glifosato, como herramienta en un sistema de manejo integrado de malas hierbas, han proporcionado un control de las malezas eficiente, seguro y rentable durante más de 40 años a millones de agricultores en todo el mundo.

Estudios confirman que los herbicidas a base de glifosato se pueden usar de manera segura y que el glifosato no es cancerígeno

Todos los productos de protección de cultivos (fitosanitarios), incluido el glifosato, están sujetos a una evaluación de estudios muy rigurosa por parte de los Organismos evaluadores y Autoridades reguladoras competentes. El glifosato, dada su eficacia y amplia adaptación, es uno de los herbicidas más estudiados del mundo. Existe una gran cantidad de investigaciones sobre el glifosato y los herbicidas a base de glifosato. Esto incluye más de 800 estudios rigurosos presentados a los reguladores europeos y de otros países en relación con su proceso de registro, y que confirman que los herbicidas a base de glifosato se pueden usar de manera segura y que el glifosato no es cancerígeno. Más de 160 países aprueban el uso de productos a base de glifosato.

El consenso científico sobre la seguridad de glifosato, antes mencionado, puede ser ilustrado con numerosos ejemplos. Sirvan de referencia solo algunos recientes, que menciono a continuación. Por ejemplo, en mayo de 2016, la Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Fitosanitarios (JMPR) concluyó que «es poco probable que el glifosato presente un riesgo carcinogénico para los humanos por la exposición a través de la dieta». O también, y de manera significativa, los estudios epidemiológicos más amplios y más recientes, que son la investigación más relevante para evaluar los efectos de la exposición en la población humana, encontraron que no había ninguna asociación entre los herbicidas a base de glifosato y el Linfoma no Hodgkin (LNH) en general, en el uso en el mundo real.

Estos estudios incluyen el Estudio de Salud Agrícola de 2018 en EEUU, apoyado por el Instituto Nacional del Cáncer, que siguió a más de 50.000 aplicadores autorizados de fitosanitarios durante más de 20 años; el estudio del Consorcio Leon Agricoh de 2019 que incluyó a más de 300.000 aplicadores de fitosanitarios; y los datos del Proyecto Agrupado Norteamericano de 2016.

La decisión del parlamento austríaco parece estar basada en afirmaciones como que “la evidencia científica del efecto carcinógeno del veneno para plantas está aumentando”, para justificar esta decisión. Esas menciones estarían soportadas en la opinión de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés). Sin embargo, esa opinión es inconsistente con el abrumador consenso de las Autoridades reguladoras y otros expertos de todo el mundo, que han evaluado todos los estudios examinados por la IARC, y muchos más, y encontraron que el glifosato no presenta riesgo carcinogénico.

Desde que la IARC clasificó el glifosato en marzo de 2015, las Autoridades reguladoras de los Estados Unidos, Europa, Canadá, Corea, Japón, Nueva Zelanda y Australia han reafirmado públicamente que los herbicidas a base de glifosato se pueden usar de manera segura si se utilizan según las instrucciones y que el glifosato no presenta un riesgo carcinogénico.

Es preocupante este tipo de decisiones que no están basadas en el consenso científico y perjudican a los agricultores en su tarea, y responsabilidad, de producir alimentos seguros para el resto de la sociedad. Pero no es menos preocupante que, los que enarbolan la bandera de la responsabilidad medioambiental, detraigan a esos agricultores herramientas seguras que contribuyen a prácticas agrícolas más sostenibles.

Carlos Vicente Alberto es Ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y MBA por el IE Business School.

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