La FAO hace un llamamiento a transformar los sistemas alimentarios actuales para poner fin al hambre

Imagen: Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

En su informe sobre el estado de la seguridad alimentaria mundial, publicado recientemente, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) explica que habrá que realizar cambios profundos en los sistemas alimentarios actuales para poner fin al hambre y la malnutrición de aquí al año 2030. Tal transformación debe permitir, en particular, reducir el coste de los alimentos nutritivos y aumentar el acceso a dietas alimentarias saludables.

Por otro lado, con el fin de limitar el impacto del Covid-19 en las cadenas alimentarias, la FAO ha puesto en marcha hasta diciembre un plan de acción global que cuenta con una dotación de 350 millones de dólares.

En su informe anual sobre el estado de la seguridad alimentaria mundial, la FAO subraya que “es crucial reducir el coste de los alimentos nutritivos y mejorar el acceso a dietas alimentarias sanas para lograr poner fin al hambre y la malnutrición en todas sus formas de cara al año 2030”. Cerca de 690 millones de personas padecían hambre en 2019, es decir, 10 millones más que en 2018 y casi 60 millones más que hace cinco años. El mundo no está en vías de lograr el objetivo del hambre cero para 2030, subraya la FAO. Si continúan las tendencias recientes, el número de personas afectadas por el hambre superaría los 840 millones para 2030. A la vista de estas cifras, la organización ha hecho un llamamiento para transformar los sistemas alimentarios actuales (entendidos como todas las actividades y procesos que afectan a la producción, la distribución y el consumo de alimentos) con el fin de garantizar una alimentación sana para todos.

Limitar el desperdicio y reorientar las políticas comerciales

Las políticas y las inversiones, explica la FAO, deberían concentrarse asimismo en la reducción de la pérdida de alimentos, sobre todo en los primeros eslabones de la cadena alimentaria. Esto afecta a los productos perecederos, como las frutas y hortalizas, los productos lácteos, el pescado y la carne. Se trata de llevar a cabo un buen enfoque para estimular la oferta y reducir el precio de los alimentos a la salida de la explotación. Otra forma de reducir el coste es determinar las fases de la cadena en las que las pérdidas de alimentos son más importantes, indica el informe. También serán necesarias inversiones en la mejora del almacenamiento, la transformación, la conservación y las infraestructuras logísticas para que la alimentación sana sea más accesible.

Por otro lado, la FAO pide una reorientación de las políticas comerciales, que hasta ahora afectan al coste y la accesibilidad a alimentos sanos. El informe explica que las medidas no arancelarias, tales como las medidas sanitarias y fitosanitarias, y los obstáculos técnicos al comercio pueden tener un efecto negativo en el acceso a los regímenes alimentarios, ya que los exportadores y los importadores pueden tener que afrontar costes adicionales para cumplir las exigencias reglamentarias, lo que eleva el coste del comercio, indica el informe. Por último, serán esenciales políticas dirigidas a reducir la pobreza y la desigualdad de rentas, reforzando el empleo y las actividades que generen ingresos para que un mayor número de personas pueda beneficiarse de una alimentación sana.

La FAO frente al Covid-19

El estallido de la pandemia de Covid-19 desde los primeros meses del presente año 2020 ha complicado aún más las cosas y añade desafíos adicionales que superar a corto y medio plazo con el fin de transformar de forma sostenible los sistemas alimentarios actuales. De acuerdo con las evaluaciones preliminares, basadas en las últimas perspectivas económicas mundiales disponibles, la FAO estima que la pandemia de Covid-19 podría arrastrar a un mínimo de 83 millones de personas más (incluso a 132 millones) al hambre crónica de aquí a finales de este año.

Con el fin de mitigar el impacto de la epidemia de coronavirus, la FAO ha puesto en marcha hasta diciembre un plan de acción global centrado en recopilar y analizar los datos para vigilar los factores de riesgo en las cadenas de abastecimiento alimentario locales. Está dotado con 350 millones de dólares.

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