El Pregón: El campo y la ciudad condenados a entenderse. Por César Lumbreras

Foto de Yolanda Bernal desde San Muñoz en Salamanca

Es una situación que se repite con mucha frecuencia: se me acercan oyentes del programa para decirme que son de ciudad, que no tienen que ver con el campo de forma directa, pero que escuchan AGROPOPULAR por las razones más diversas. Yo, tras agradecer su fidelidad, siempre hago la misma reflexión: usted tiene mucha más relación con el campo y el mundo rural de la que piensa. Y, a continuación, pongo dos ejemplos. “Para comenzar, digo, come todos los días tres veces y los alimentos que consume, los producen agricultores, ganaderos, pescadores y la industria agroalimentaria; ahí está una relación directa con el campo”. Además, la inmensa mayoría de los que afirman no tener una relación directa con el campo, y este es el segundo argumento, gustan de salir a nuestros pueblos y al campo a “oxigenarse” y quieren que el medio rural este practicable. Ahí se encuentran dos de las tareas más importantes de agricultores y ganaderos, que forman parte del “contrato” que tienen con la sociedad: producir alimentos y mantener el medio rural.

Si hay una ciudad en España estrechamente vinculada al campo esa es Salamanca. De entrada ahí está su escudo; en sus muchos y bellos monumentos hay múltiples alusiones a cosas del campo, como, por ejemplo, la Torre del Gallo o la Puerta de los Carros, por no hablar de su famosa rana. Salamanca capital no se entiende sin su provincia, que todavía hoy vive del, por y para el campo. Por eso hoy es un buen momento y un buen lugar, desde este balcón del Ayuntamiento a su Plaza Mayor, para hacer un llamamiento a potenciar esa estrecha relación, mucho más de lo que parece, entre el campo y la ciudad, que durante muchos años han vivido de espaldas. Los agricultores y ganaderos producen alimentos para los que viven en las urbes y cuidan el campo para que estos últimos lo disfruten.

Sin el consumo de “los urbanitas”, la actividad agraria perdería una gran parte de su razón de ser y sin que estos vuelvan a los pueblos de vez en cuando, esas pequeñas localidades que pueblan nuestra geografía estarían más muertas todavía. En resumen, que la gente del campo y la ciudad están condenadas a entenderse, se necesitan mutuamente y no pueden vivir de espaldas. España sigue oliendo a pueblo, algo que algunos parecen haber descubierto por la pandemia.

 

Por César Lumbreras

Todos los derechos reservados. Queda prohibido reproducir, distribuir, comunicar públicamente o transformar, todo o parte del contenido de este sitio web, incluido, pero no limitado a, los textos, las fotos y los videos, sin el permiso previo y por escrito de Informativos Agrarios S.L.