
El sector agrario español está en manos de Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, pero, también, y sobre todo, de Teresa Ribera, la vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica. Y esta última y su equipo han enseñado ya sus dientes y sus garras esta semana. Fue en la reunión de la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, en la que se decidió que estará prohibida la caza del lobo en toda España. Hasta ahora existía esa posibilidad al norte del Duero. Las organizaciones agrarias han mostrado su rechazo a esta medida, lo mismo que las Comunidades Autónomas como Castilla y León, Cantabria, Galicia y Asturias, donde se concentra la mayor parte de la población de lobos y en las que los ganaderos sufren, un día sí y otro también, los ataques de este animal en sus explotaciones.
Pero la cosa no acaba ahí, ni mucho menos, porque está a la vuelta de la esquina la elaboración del Plan Estratégico Nacional y la aprobación de los llamados ecoesquemas. Existe la creencia generalizada de que ambos asuntos son cosa del Ministerio de Agricultura y de los consejeros del ramo y no es así. Los responsables del Ministerio de Transición Ecológica tienen que dar su visto bueno antes de enviar a Bruselas esos instrumentos, el Plan Estratégico y los ecoesquemas, por el fuerte componente medioambiental de los mismos. Y de ambos dependerá la cantidad de dinero que se reciba en cada explotación en concepto de ayudas directas a partir de 2023 y hasta 2027. El agua y, por lo tanto, los regadíos, también dependen de Ribera, lo mismo que una parte significativa de la aplicación en su día de las Estrategias de la Granja a la Mesa y Biodiversidad 2030.
Como he escrito en varias ocasiones, “lo verde” está por encima de “lo agrario”. Esto, con un ministro de Agricultura peleón y dado al trabajo, podría corregirse en parte, pero con Luis Planas al frente sería un milagro, por no decir un imposible. Con Planas desaparecido, como es habitual en él, y con Teresa Ribera crecida, pilotando el barco y contando con el respaldo de Bruselas, nos podemos esperar cualquier cosa, como ya ha sucedido con el caso del lobo. Vamos, que con don Luis y doña Teresa por medio, toda situación mala es susceptible de empeorar, y eso siendo optimista.












