Termina el curso de política agraria en los despachos mientras en el campo, a pie de tierra o al lado de los animales, se viven momentos de máxima actividad. Ahí van varios ejemplos: la cosecha de cereales ha entrado en su recta final en la mitad norte al mismo tiempo que arranca la siega de girasol en Andalucía; la campaña de fruta de hueso se encuentra en todo su apogeo y la de cereza da los últimos coletazos. Suma y sigue: se arrancan melones y sandias en La Mancha y patatas en diferentes zonas productoras y los riegos alcanzan su época de mayor apogeo, afortunadamente este año sin grandes problemas. La vendimia está a la vuelta de la esquina, suponiendo que no haya comenzado ya en las parcelas más tempranas. De la ganadería poco se puede añadir, porque hay el mismo trabajo en cualquier época del año, ya que los animales comen todos los días y también hay que ordeñarlos; asimismo se debe velar por su salud. Y todo lo anterior tiene un factor común: la falta de mano de obra, uno de los problemas más acuciantes del campo español. En resumidas cuentas, que el campo bulle de actividad, lo mismo que nuestros pueblos más pequeños, que se llenan durante unas semanas.
Mientras tanto, en los despachos se bajan las persianas y se cierran las puertas, tanto aquí como en Bruselas. Eso sí, el cierre no será total porque habrá que prestar mucha atención a lo que haga Trump en la guerra arancelaria con la Unión Europea (UE); su decisión está a punto de caer. En la capital comunitaria velan armas de cara al próximo curso de política agraria, que se presenta más que movido por las negociaciones sobre el Marco Financiero de la UE, sobre el dinero de la PAC y sobre la forma de repartirlo. Se sigue hablando muchos de los recortes, algo muy difícil de evaluar todavía, y se deja en un segundo plano “lo mollar”: el primer problema no es que baje el dinero de la PAC, sino que este pierde el carácter sagrado que tenía hasta ahora. Ahí es donde radica la gravedad de las propuestas de la Comisión. Mientras tanto, en España Planas se va de vacaciones sin haber adoptado medidas de apoyo a los cerealistas, a pesar de la grave situación de falta de rentabilidad por la que atraviesan. Además, hay una desbandada de altos cargos en el Ministerio, con María José Hernández, la presidenta del FEGA, y puede que Valentín Almansa, el veterinario encargado de la sanidad de la producción agraria, a la cabeza, mientras que los que se quedan pintan tan poco que no dan ni para la crítica. Y, finalmente, este programa cumplirá 41 años en antena el próximo lunes 28. Muchas gracias por su fidelidad y apoyo.













